En una casa vigilada por un comité felino con más poder que un ministerio, vive Mara: psicóloga en excedencia, fabricante de velas con crisis existenciales y protagonista involuntaria de un realismo mágico doméstico.

Entre excels interminables, WooCommerce que la odia, y gaviotas que opinan desde el balcón, su día a día es una tragicomedia donde lo épico se esconde en limpiar la nevera o decidir el precio de una vela.

Cada capítulo mezcla humor ácido, drama absurdo y gatos sindicalistas que siempre llegan tarde al rodaje.

El faro vigila de fondo, mientras Mara intenta no volverse loca… o al menos convertirlo en contenido.

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La mujer que...

Manual de supervivencia improvisada. Zona de combustión controlada. Aquí se archivan los incendios que no mataron, pero dejaron las paredes llenas de humo. Prohibido entrar sin café, un poco de ironía y algo de coraje: es el inventario de las veces que parecía consumirse todo y, aun así, quedó llama suficiente para encender otra vela.

Golpe de estado.

Golpe de estado.

Había una vez una mujer que sólo quería un día tranquilo. No pedía mucho. Una mañana sin sobresaltos, una habitación en orden, y quizás, -si el universo estaba de buenas- un poco de silencio. Y parecía que si, todo fluía a un ritmo suave. El sol entraba por la ventana...

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El coche aparcado

El coche aparcado

El coche lleva más de una semana aparcado. Muerto. Sin batería, sin arranque, sin intención alguna de colaborar. Yo, honestamente, igual. Así que nada de paseos rápidos ni cambios de rumbo repentinos. Hoy toca subirse a la guagua. Y sentarse del lado de la ventana,...

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Hoy no iluminó.

Hoy no iluminó.

Había amanecido convencida de que iba a ser un buen día para iluminar al mundo. Tenía planes: abrir las ventanas del faro, respirar hondo como si estuviera en una película francesa, ordenar su caos emocional en forma de frases sabias y, tal vez, escribir un mensaje...

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La mujer del faro

La mujer del faro

Había una vez una mujer que vivía sola en un faro al borde del mundo. No era un faro cualquiera. No era alto, ni brillante, ni estaba lleno de turistas. Era un faro de los antiguos, con escaleras oxidadas, cristales empañados por la sal del tiempo y una luz que, a...

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