Zumo (ronroneando bajito, limpiándose una pata con falsa calma):

—Te lo dije. Lo del plátano era el principio del fin. He estado archivando señales durante semanas.

Sombra (desde el wáter, con mirada de superioridad cósmica):

—Tú archivas señales, Zumo, pero nunca haces nada con ellas.

Lo importante no es que ardiera. Es que esta vez no pidió perdón.

Miga (asomando apenas una oreja desde detrás de la cortina):

—¿Esto pasa mucho? ¿Las erupciones? ¿Los monólogos con la tostadora?

Pregunto por… protocolo.

Zumo (suspira):

—Depende. Si el clima emocional se estabiliza y no hay más cucharas implicadas, puede que volvamos a la fase incienso y playlists melancólicos.

Sombra (bosteza):

—O no.

Quizá ya no vuelva a recogerse nunca más.

Y eso, pequeño, sería un verdadero milagro.

Miga (entrando por fin al cuarto, libreta en pata):

—Yo solo venía por el calor.

Ahora tengo pensamientos existenciales.

Y hambre.

¿Hoy toca sobrecito?

(Silencio. Se abre una cortina con un leve golpe de viento. Aparece Luto en la ventana, sin moverse, como siempre.)

Luto:

—Ya aprendió a arder.

Ahora aprenderá a quedarse entera después del fuego.

Y ustedes…

no la dejen volver a recoger lo que no le corresponde.

(Zumo baja la mirada. Sombra deja de lamerse. Miga se acomoda por primera vez sin estar en guardia.).

Sombra (en voz baja, sin sarcasmo, como si hablara al fuego):

—A veces me da miedo cuando Luto habla.

Es como si la historia tuviera voz propia.

— Archivado por el Comité Felino. Supervisado en silencio por R. (que ya no recoge, pero escucha)

✨ El Comité Felino de Supervisión Post-PLÁTANO ha llegado a la conclusión de que las crisis emocionales requieren de apoyo constante.

Si sientes que este informe es parte de tu propia historia, si alguna vez has estado cerca del fuego y necesitas saber que hay algo más que un plato de comida al final del día, puedes seguir esta página. Encontrarás muchas más historias.