Después de preguntarse si valía la pena seguir pagando el precio de estar viva y no encontrar una respuesta clara ni un ticket de devolución,

la mujer se quedó sentada.

Quietita.

Con el corazón como afilado por dentro y las pestañas sin fuerza para cerrarse del todo.

No quería pensar. Tampoco podía dormir.

No había serie que la entretuviera ni gato que la entendiera (aunque Sombra le había hecho un gesto que, con mucha fe, podía interpretarse como “tía, te entiendo”).

Y entonces lo aceptó:

“Vale. Me quedé ahí. Toqué fondo. Pero como no me morí… me aburrí.

Y como me aburrí… le puse nombres a las toallas.”

Así, con la dignidad justa para no desmoronarse encima del tendedero,

agarró un boli, una libreta olvidada en el suelo,

y empezó una lista:

• Toalla grande blanca: Inés. Siempre huele a suavizante aunque lleve días en el tendedero. La única que parece tener su vida en orden.

• Toalla de manos color turquesa: Ofelia. Dramática, absorbente y con tendencia a suicidarse detrás de la puerta del baño.

• La del gimnasio (que nunca usó): Saturnina. Rígida, gris, juzgona. Huele a frustración y a matrícula mensual tirada a la basura.

• El trapo gris que ni toalla es, pero sigue ahí: Manolo. Tiene forma de paño, textura de cartón y alma de ex. Ya nadie sabe por qué sigue en casa, pero nadie se atreve a tirarlo.

• La toalla de invitados con encaje: Laureana. Nunca ha tocado una gota de agua. Vive enrollada, con aires de grandeza.

• Una toallita pequeña deshilachada: Crisanta: reliquia heredada. Una toalla que guarda secretos, mocos y emociones mal gestionadas desde 2003.

• La toalla que vino en una cesta de Navidad del 2014: Eufrasia. Absorbe poco, pero juzga mucho. Siempre termina en la lavadora sin saber cómo.

Porque si no podía nombrar el futuro,

al menos podía nombrar las toallas.

Y, por un segundo, eso fue suficiente.

— R. («A veces, para sobrevivir, hay que ponerle nombre a lo absurdo.”

“Y si algún día me pierdo, búscame entre las toallas».)

✨ El comité ha decidido respetar los nombres de las toallas,

pero exige café antes de aceptar una lista para los calcetines.

👉 Si este caos y estas pequeñas locuras te acompañan, te invito a ser parte de este proceso creativo.