La mujer despertó un martes. No metafóricamente. Literal. Despertó y sintió algo.
No lo supo nombrar. Era una mezcla entre tristeza, hambre emocional y una sospecha de que el horóscopo no estaba acertando. Así que hizo lo que hace cualquiera en este siglo: lo buscó en Google.
Resultado:
«5 emociones que debes gestionar para manifestar abundancia.»
«Cómo transformar tu ansiedad en un e-book vendible.»
«Si duele, es porque estás vibrando bajo. Eleva tu frecuencia.»
La mujer no quería vibrar. Quería llorar. Pero al parecer eso ya no es una opción.
Porque en esta época, sentir solo es válido si lo empaquetas bonito. Si lo conviertes en contenido. Si lo monetizas en una masterclass.
Si tienes ansiedad: haz un podcast.
Si estás triste: abre un canal de TikTok con consejos sobre resiliencia.
Y si te estás desmoronando…por favor, hazlo con buena luz y sin afectar al algoritmo.
El dolor es válido, siempre que no moleste. Siempre que venga acompañado de una frase cursi en cursiva. Siempre que tengas el detalle de salir bien en la foto del trauma.
Pero ella, ella ya no podía sostener ese decorado emocional.
Tenía la autoestima agujereada por frases tipo:
“Todo pasa por algo”,
“Tú lo atraes”,
“La felicidad es una elección”
(y otras formas de decirte que, si sufres, es culpa tuya… pero con glitter).
Así que decidió dejar de sentirse culpable por sentirse. Dejó de intentar convertir su duelo en un contenido útil. Y simplemente… se sentó en el sofá, con el pijama que no es bonito, la cara sin filtrar y la emoción a medio digerir entre pecho y espalda.
No hizo nada con eso. No sanó. No compartió. Solo estuvo ahí. Sintiendo. Sin productividad. Sin hashtag.
Y eso, en este siglo, fue un acto de disidencia.
Sí, lo sé. Estoy compartiendo este texto en redes.
Estoy denunciando el show emocional desde el escenario.
Pero si lo que tengo que decir solo puede existir en este formato… entonces aquí va.
Sin filtros. Sin frase final de superación.
Solo una mujer cansada de tener que hacer de su dolor… algo bonito.
Informe urgente del Comité Felino de Supervisión Emocional:
Zumo ha creado una lista de frases vetadas por daño emocional.
Sombra ha quemado tres agendas de autocuidado.
Miga se ha enroscado en una manta que huele a verdad.
Y todas están de acuerdo: el alma no se monetiza.
— R. (emocional sin editar)