El banco le siguió cobrando por un datáfono que ya no pasaba tarjetas.

Ni compras. Ni proyectos. Ni esperanzas.

Era básicamente un pisapapeles con luces LED.

Pero ahí estaba el cargo mensual, puntual como los recordatorios de trauma:

“Por si acaso te da por vivir dentro del sistema.”

El hombre de chaqueta y corbata —también conocido como “el que una vez dijo que te ayudaría”— le mandó un mensaje para decirle que hiciera ella lo que él no ha hecho desde que lo contrató: algo útil.

Porque en este siglo XXI, algunos trabajos son como hologramas:

parecen reales, pero solo sirven para que tú acabes haciendo todo sola.

Menos mal que este mes ya no le pagamos.

El hombre de chaqueta y corbata fue despedido sin indemnización emocional.

Ni falta que hacía.

Su especialidad era hacerte sentir incompetente mientras te pasaba tareas con letra pequeña.

Y después vinieron los clásicos:

esas gestiones invisibles que nadie te recuerda,

pero que, si no adivinas a tiempo,

te borran de la lista de personas que merecen comer caliente.

No hay avisos.

No hay carteles.

Solo un agujero en el banco y una sospecha flotante de que hiciste algo mal…

sin saber exactamente qué.

¿Fue culpa del hombre de la corbata?

¿De algún duende institucional con sed de trámites?

¿De esa costumbre moderna de delegar la responsabilidad a quien menos puede?

Quién sabe.

Aquí nadie responde, pero todos facturan.

Cerrar una etapa aquí, es más difícil que explicarle a tu banco que no usas el datáfono porque estás emocionalmente en huelga… y sin que te pidan el ADN de tu tatarabuelo.

Y sin embargo, esa tarde, ella pegó margaritas en las velas.

Porque si el sistema va a arder,

al menos que huela a algo bonito.

— R. (despedida del hombre de corbata, contratada por sí misma)

🕯️ Informe del Comité Felino de Supervisión Emocional:

Zumo ha intentado pagar con el datáfono y ha sido rechazado por falta de ilusión.

Sombra ha falsificado la firma del asesor y ha aprobado su propia baja emocional.

🧾

El sistema no lo reconoce como trabajo, pero cada texto aquí tiene detrás más horas que una reunión de Zoom con powerpoints inútiles.