En una casa vigilada por un comité felino con más poder que un ministerio, vive Mara: psicóloga en excedencia, fabricante de velas con crisis existenciales y protagonista involuntaria de un realismo mágico doméstico.
Entre excels interminables, WooCommerce que la odia, y gaviotas que opinan desde el balcón, su día a día es una tragicomedia donde lo épico se esconde en limpiar la nevera o decidir el precio de una vela.
Cada capítulo mezcla humor ácido, drama absurdo y gatos sindicalistas que siempre llegan tarde al rodaje.
El faro vigila de fondo, mientras Mara intenta no volverse loca… o al menos convertirlo en contenido.
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La mujer que...
Manual de supervivencia improvisada. Zona de combustión controlada. Aquí se archivan los incendios que no mataron, pero dejaron las paredes llenas de humo. Prohibido entrar sin café, un poco de ironía y algo de coraje: es el inventario de las veces que parecía consumirse todo y, aun así, quedó llama suficiente para encender otra vela.
La mujer que se aburría tanto que le puso nombre a las toallas
Después de preguntarse si valía la pena seguir pagando el precio de estar viva y no encontrar una respuesta clara ni un ticket de devolución, la mujer se quedó sentada. Quietita. Con el corazón como afilado por dentro y las pestañas sin fuerza para cerrarse del todo....
La mujer que no sabía si quería seguir pagando el precio
Había tardes en que no sabía si el cuerpo dolía más que el alma, o si era el alma la que le había prestado su dolor al cuerpo para que alguien la notara. Hoy era una de esas. El sillón ya no era un refugio, era una prolongación de su cansancio. Y el silencio de la...
La gata que descubrió el altar de las cosas que evitan la locura
Miga, aún con restos de pelos erizados tras la reunión del comité felino, decidió que antes de comprometerse oficialmente a vivir en aquella casa medio en ruinas emocionales, necesitaba hacer una inspección completa del terreno. El baño estaba en tregua, aunque...
Operación limpieza anti plátano
Dicen que cada hogar tiene sus propios rituales de resistencia. Aquí, cuando la humana se declara en huelga emocional, no hay pancartas ni gritos: hay plátanos emocionales rodando por el suelo y gatos organizando una brigada de limpieza digna de una película de...
Informe confidencial del comité felino de supervisión post-plátano
Zumo (ronroneando bajito, limpiándose una pata con falsa calma): —Te lo dije. Lo del plátano era el principio del fin. He estado archivando señales durante semanas. Sombra (desde el wáter, con mirada de superioridad cósmica): —Tú archivas señales, Zumo, pero nunca...
La mujer que ardía y nadie lo notó (excepto los gatos)
El plátano seguía ahí. En la ducha. Llevaba días fermentando su misterio al vapor de los baños tibios, como si esperara pacientemente a ser reconocido por alguien. Pero nadie decía nada. Nadie lo había dejado, por supuesto. Y, como siempre, a ella le tocaba recoger...





