Dicen que cada hogar tiene sus propios rituales de resistencia.
Aquí, cuando la humana se declara en huelga emocional, no hay pancartas ni gritos: hay plátanos emocionales rodando por el suelo y gatos organizando una brigada de limpieza digna de una película de acción.
Nos ponemos patas a la obra —literalmente— porque sabemos que a veces, sostener a quien amamos empieza por barrerle un pequeño camino entre el caos y el cansancio.
Atención:
Nuestra humana ha entrado en huelga.
Literalmente. Se ha plantado en mitad del pasillo, con una fregona en una mano y una determinación dudosa en la otra, declarando que ya no piensa recoger más plátanos emocionales.
Ante semejante panorama, hemos activado el «Protocolo Cazafantasmas».
Nos hemos puesto guantes y mascarillas y nos hemos lanzado a la misión imposible: dejar la casa como los chorros del oro.
¿Por qué?
Porque la queremos.
Y porque, aunque sabemos que su orden dura lo que un pestañeo con sueño, entendemos que una casa limpia sostiene más que mil palabras bonitas.
(Además, así nos aseguramos de que las croquetas estén localizables si su cerebro vuelve a cortocircuitar y olvida nuestra existencia).
Mientras nosotros nos afanamos en organizar el caos, ella limpia los vasos que luego llevará al «altar de las cosas que evitan la locura» —ese rincón sagrado donde guarda velas, piedras y pedacitos de esperanza.
Antes usaba un líquido sospechoso que decía llamarse «alcohol», pero hoy… hoy hemos visto algo diferente:
Sus lágrimas.
Sí. Esta vez, está limpiando los vasos con lágrimas y Ludovico Einaudi sonando de fondo, como si el universo entero estuviera conteniendo la respiración.
No sabemos si esta paz repentina es un buen presagio o el preludio de otra crisis emocional de proporciones bíblicas.
Así que por si las moscas, estamos dejando todo bien ordenadito.
Queremos que, si se vuelve a perder en su propia marea, al menos pueda encontrar el camino de vuelta siguiendo el olor de nuestras croquetas.
«Nuestra humana no lo sabe, pero cada lágrima suya es también un mapa que nosotros seguimos para encontrarla, siempre.»
Con cariño, desvelo y supervisión extrema,
— El Comité Felino de Supervisión Emocional (y las croquetas también).
“Zumo lideró la operación con su fregona temblorosa, Sombra casi se ahogaba en su propia mascarilla, Miga repartía polvo en vez de recogerlo, y Luto… Luto sostenía el cubo del silencio, recordándonos que a veces el mayor acto de amor es simplemente quedarse.»