En una casa vigilada por un comité felino con más poder que un ministerio, vive Mara: psicóloga en excedencia, fabricante de velas con crisis existenciales y protagonista involuntaria de un realismo mágico doméstico.
Entre excels interminables, WooCommerce que la odia, y gaviotas que opinan desde el balcón, su día a día es una tragicomedia donde lo épico se esconde en limpiar la nevera o decidir el precio de una vela.
Cada capítulo mezcla humor ácido, drama absurdo y gatos sindicalistas que siempre llegan tarde al rodaje.
El faro vigila de fondo, mientras Mara intenta no volverse loca… o al menos convertirlo en contenido.
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La mujer que...
Manual de supervivencia improvisada. Zona de combustión controlada. Aquí se archivan los incendios que no mataron, pero dejaron las paredes llenas de humo. Prohibido entrar sin café, un poco de ironía y algo de coraje: es el inventario de las veces que parecía consumirse todo y, aun así, quedó llama suficiente para encender otra vela.
La mujer que pensó que el infierno era un lugar, pero resulto ser una hormona (o la falta de ellas)
Día 1. La mujer se despertó con una idea clara: el verano había llegado de golpe. Se asomó a la ventana. Lluvia. 12 grados. El verano estaba, sí, pero solo dentro de su cuerpo. Empezó a sospechar que no era el clima, sino el apocalipsis hormonal en diferido. Intentó...
La mujer que sospechaba que lo del ropero solo era el trailer
Después de desmontar el ropero, llorar sin saber muy bien por qué, y construir sin querer un altar con pelusas, cera derretida y una gata blanca como testigo emocional pasivo, la mujer pensó que igual eso era todo. Una catarsis. Un cierre. Una escena de final de...
La mujer que desmontó el ropero y construyó un altar
Estaba durmiendo, o algo parecido. Una de esas siestas raras que no son descanso ni delirio, sólo una especie de suspensión vital con los pensamientos en remojo. Y entonces pasó: “el ropero le molestaba”. No es que hiciera ruido, ni que se moviera. Tampoco se cayó, ni...
La mujer que se exilió en un hotel rural por culpa de una rave felina
Tras el caos, la mujer abandonó el territorio. No hubo drama. Solo una mochila con lo justo: pijama sin expectativas, cargador emocional descargado y un bote de valeriana vencida. Dejó una nota breve: "Me fui. No pregunten. No dejen entrar al gato marrón. Volveré...
La mujer que bajó el volumen y los gatos montaron un festival
La mujer bajó el volumen. O eso dijo. Como si su declaración tuviera algún tipo de autoridad en el ecosistema doméstico que comparte con tres gatos y una tostadora que ya no tuesta, pero hace ruidos sospechosos. “Mantengan la guardia, yo bajo el volumen un rato.” Lo...
Las mujer que se manchó las manos de cera y no se las limpió
Después de que todas sus toallas hubieran sido bautizadas en nombre del aburrimiento, la mujer volvió a su taller artesanal. Ese lugar donde la creatividad brotaba a borbotones. Donde la cera se derretía lentamente, los aromas se entrelazaban en el aire, y tras un...





